Los retos ambientales de México: entrevista a Dolores Barrientos

La maestra Dolores Barrientos Alemán, representante en México del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) desde 2011, nos hizo el amable favor de participar en esta entrevista con Nexos. La egresada de la maestría de Administración Pública de la de la Escuela John F. Kennedy de la Universidad de Harvard nos comparte información imprescindible acerca de las lecciones que nos deja la pandemia con respecto a la urgencia ambiental y climática, los retos ambientales que enfrenta el país, la labor del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la Agenda de Desarrollo Sustentable, entre otros temas esenciales en la discusión ambiental contemporánea.

 

Ana De Luca: ¿Qué lecciones nos deja la pandemia acerca de la urgencia ambiental y climática?

 

Dolores Barrientos: La crisis causada por covid-19 pone de manifiesto que la salud de los seres humanos depende en gran medida de la salud del planeta. De hecho, esta pandemia surge de un gran reto ambiental, la pérdida de la biodiversidad. De acuerdo a “Global Forest Watch”, en 2019 se perdieron 11.9 millones de hectáreas de bosque, la tercera peor tasa de pérdida en los últimos 20 años y de esa cantidad, 3.8 millones de hectáreas correspondieron a bosques primarios. En la medida que el ser humano siga devastando bosques, selvas y otras áreas silvestres a través de actividades como la cacería, la agricultura, la ganadería, la minería, la construcción de infraestructura, el tráfico ilegal de vida silvestre, nos acercamos a los patógenos, rompiendo el equilibrio en los ecosistemas en donde habitan y propiciando su migración a animales domésticos y a las personas. Es importante señalar que el 75 % de las enfermedades infecciosas emergentes, son enfermedades zoonóticas, las cuales están aumentando rápidamente en cuanto a su incidencia y alcance geográfico. Esta pandemia pone de manifiesto la estrecha conexión entre las personas, la naturaleza y el clima y, para reducir la probabilidad de futuras pandemias y riesgos zoonóticos, debemos actuar ahora para detener el rápido deterioro ambiental.

 

 

ADL: ¿Cuáles son los problemas más urgentes en términos de medio ambiente en México? y ¿cómo trabaja la oficina de PNUMA en México para hacer frente a estos temas?

 

DB: La emergencia climática, la crisis provocada por la pérdida de la biodiversidad y la contaminación del aire, agua y suelo, son sin duda, los problemas ambientales urgentes, no solo en México, sino a nivel global.

 

México es un país cuya población, ecosistemas e infraestructura se encuentran en una situación de alta vulnerabilidad ante el cambio climático y la evidencia es cada vez más clara: la creciente escasez hídrica que vive el centro y norte de país, sequías nunca registradas en diversos estados; el incremento del nivel del mar en zonas costeras; y el incremento en el número y potencia de eventos climatológicos extremos como ciclones y huracanes, entre otros. De acuerdo con el Banco Mundial, los análisis sobre el riesgo de desastres naturales a nivel municipal muestran que los municipios de más alto riesgo son, en su mayoría, pobres y rurales con producción agrícola de subsistencia.

 

Los incendios forestales, causados principalmente por las actividades agropecuarias, así como también las actividades mineras, son las principales causas de la pérdida de la biodiversidad. También es probable que el cambio climático se convierta en el motor dominante de las afectaciones a la biodiversidad en las próximas décadas. Hace algunos meses el Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services (IPBES) nos alertó que un millón de especies se enfrentan a la extinción, muchas de ellas en tan sólo décadas. Adicionalmente, de acuerdo con el informe“Planeta Vivo”del World Wildlife Fund, la región de América Latina y el Caribe presentó la mayor pérdida en mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces entre los años 1970 y 2016. En este sentido, también “Global Forest Watch” nos advirtió que, en el 2019, de los 10 países con mayor pérdida de bosque virgen, cinco están en América Latina: Brasil, Bolivia, Perú, Colombia y México; en el caso de México este reporte enfatiza que en 2019 se tuvo la tasa de pérdida más alta de bosque primario desde el 2002.

Por otro lado, más del 90 % de la población mundial vive en ciudades con mala calidad del aire, la cual tiene un impacto negativo en la salud humana y está asociada a la muerte de 7 millones de personas cada año. Asimismo, nuestros patrones de consumo están afectando los ecosistemas costeros y marinos, anualmente se arrojan a los mares y océanos alrededor de 13 millones de toneladas de basura plástica.

 

El trabajo que realiza el PNUMA en México se basa principalmente en apoyar al gobierno federal en el cumplimiento de los compromisos derivados de los acuerdos multilaterales ambientales que ha ratificado. Nuestro trabajo va desde apoyar el diseño y la promoción de importantes leyes, como lo han sido la Ley General de Cambio Climático (2012) y la Ley de Transición Energética (2015); hasta implementar proyectos, programas e iniciativas, no solo en el sector ambiental, sino también en otros sectores como el agropecuario, hacienda, energía, turismo, educación, economía, etc. Nuestro trabajo está presente en los tres niveles de gobierno, el sector privado, la academia y las organizaciones de la sociedad civil. Los proyectos del PNUMA en México van desde el apoyo de las energías renovables, la movilidad eléctrica, la adaptación al cambio climático; hasta proyectos que conservan la biodiversidad y combaten la pobreza; disminuyen la contaminación en costas y contribuyen a la eliminación del uso de mercurio en el sector minero artesanal y en industrias. Asimismo, la educación y la comunicación ambiental juegan un papel central en nuestro quehacer en el país.

 

ADL:  ¿Qué lugar tiene la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible ante los retos ambientales, sociales y económicos que dejó la pandemia? 

 

DB: De acuerdo con el reciente documento “Shaping the Trends of Our Time” de la ONU hay cinco tendencias que están afectando el desempeño económico, social y ambiental en el mundo: la crisis climática, los cambios demográficos -especialmente el envejecimiento de la población-, la urbanización, las tecnologías digitales y las desigualdades.

 

La Agenda 2030 con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático siguen siendo nuestra mejor oportunidad para lograr un futuro mejor. De haber avanzado más rápido en estos procesos, el mundo hubiera estado mejor equipado para hacer frente a la crisis covid-19, con sistemas de salud más fuertes, menos personas en situación de pobreza, menor desigualdad de género, un medio ambiente más saludable y sociedades más resilientes.

 

Para una recuperación transformadora y ecológica será fundamental adoptar medidas en un programa a más largo plazo para hacer frente al cambio climático, evitar la pérdida y la fragmentación del hábitat, detener la pérdida de la biodiversidad, reducir la contaminación y mejorar la gestión de los desechos y la infraestructura. Las cadenas de valor sostenibles, con un uso eficiente de los recursos, resilientes e inclusivas, son fundamentales para la implementación de la Agenda 2030.

 

Ahora más que nunca debemos reducir las emisiones mundiales en un 7.6 % cada año de la próxima década si queremos limitar el aumento de la temperatura a 1.5 grados Celsius según el Acuerdo de París. (Informe sobre la Brecha de Emisiones del PNUMA, 2019). Esto requiere que todos los países del mundo intensifiquen cinco veces más la acción climática, que es la base del futuro que queremos.

 

De acuerdo al World Economic Forum, las tendencias que se observan en este 2020 son alentadoras: i) el costo de la energía solar ha disminuido drásticamente y ahora se ha convertido en la opción más barata para generar electricidad, incentivando inversiones crecientes en todo el planeta; ii) la crisis actual se ha traducido en una flexibilización de la política monetaria por parte de los bancos centrales, esto significa que la energía eólica, solar y la movilidad eléctrica deberían beneficiarse de tasas de interés muy bajas durante un período prolongado en algunas regiones; iii) cada vez más gobiernos están apoyando la energía limpia, por ejemplo la Unión Europea cuenta con un plan para alcanzar “cero emisiones netas” en el 2050, al mismo tiempo las economías emergentes y en desarrollo cuentan ya con la mayor proporción de las inversiones en energía limpia; iv) las empresas están incrementando sus compromisos, varias compañías petroleras han anunciado planes para convertirse en empresas de energía con bajas emisiones de carbono, los mercados financieros nos demuestran un cambio importante, por primera vez una empresa de energías renovables (NextEra Energy) tiene una mayor capitalización de mercado que una empresa petrolera (Exxon Mobil); y v) a pesar de la crisis económica causada por covid-19, la mayoría de las principales economías han incrementado sus presupuestos públicos para la investigación y el desarrollo de energías limpias en los últimos dos años y la inversión en nuevas empresas de energía limpia por parte de fondos de capital de riesgo y empresas alcanzó un nuevo récord en 2019.

 

ADL: ¿Cómo podemos lograr darle un lugar central al medio ambiente en la política ambiental mexicana y en el mundo? 

DB: Hay una lección que podemos aprender de la crisis covid-19 y es que la salud humana y la salud del planeta están más interconectadas de lo que hubiéramos pensado. Por tanto, cualquier estrategia a largo plazo frente a las pandemias mundiales será abordar y detener el cambio climático, la pérdida de hábitat y biodiversidad, además del comercio ilegal de vida silvestre y los mercados ilegales de animales.

 

Derivado del actual contexto, se ha observado que los primeros paquetes de estímulos aprobados por los gobiernos en los últimos meses se han centrado en gran medida en la inmediatez, como la desgravación fiscal en casos de despidos y apoyo a las pequeñas empresas frente a la crisis económica. Una segunda fase de incentivos económicos podría dirigirse a la reconstrucción de infraestructura, y posiblemente una tercera, según se vaya activando la economía, para nueva infraestructura y sectores impulsores del mismo. Ahí es donde surge una verdadera oportunidad para dar el salto hacia inversiones más ecológicas, limpias y sostenibles. Las inversiones limpias ofrecen beneficios diversos, por ejemplo, los empleos en el sector de las energías renovables alcanzaron 11. 5 millones en 2019 y las mujeres ocuparon el 32 % de estos puestos de trabajo. Un programa de estímulo ambicioso post-covid con mayores inversiones en las energías renovables podría crear hasta 5.5 millones de puestos de trabajo más en los próximos tres años que si se mantienen las prácticas actuales.

 

ADL: ¿Qué lugar ocupa la cooperación para resolver los problemas socioambientales?

 

DB: La crisis covid-19 abre el camino para mejorar también la forma de cooperación entre las naciones. La cooperación es fundamental para reconstruir mejor ante esta pandemia. La efectividad, la coordinación, la inclusividad, la confianza, la transparencia, así como la solidaridad son elementos claves que debe tener esta nueva era de cooperación.

En el actual contexto se ha demostrado que las crisis han evidenciado que no es posible una recuperación si no se trabaja en conjunto y con respeto a todos los pueblos y vida del planeta. La cooperación es una herramienta vital para asegurar que los esfuerzos nacionales se unan para solucionar los problemas mundiales; sin el multilateralismo no se podrá dar un impulso global significativo.

 

Dicho lo anterior, desde el PNUMA trabajamos en una nueva Estrategia a Mediano Plazo que está enfocada en lidiar con la triple crisis, se basa en un multilateralismo inclusivo que va más allá de nuestro trabajo con los gobiernos y apoya los cambios sistémicos con la colaboración del sector privado, la academia, los jóvenes, la sociedad civil y las organizaciones religiosas.

Ahora es el momento de intensificar la cooperación internacional y fortalecer los mecanismos que permitan a los países más pobres abordar la crisis sanitaria inmediata, detener sus impactos ambientales, sociales y económicos, así como acelerar la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), con una reconstrucción verde y sostenible.

 

 

 

Ana De Luca